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LOS HOMICIDIOS NO DAN TREGUA EN TUCUMÁN

  La inseguridad y la violencia en nuestra provincia se han convertido moneda corriente en nuestra provincia. Desde hace un par de años los asesinatos por robo, ajuste de cuentas, drogas o simplemente violencia pura, se han incrementado y no se genera tanta repercusión cuando uno ocurre por la cotidianidad de los mismos. Con la cuarentena uno pensaría que estos hechos iban a disminuirse, pero no fue así. En los últimos meses los tucumanos se han visto sacudidos por distintos hechos de violencia que se agravaron hasta llegar a la muerte. El caso de Luis Espinoza fue el más resonante por estar asociado a la Policía de Tucumán ya que miembros de la misma se presume que hicieron desaparecer y asesinaros a la víctima. Jose Porcel, el productor rural, también desencadenó una serie de reclamos por parte del sector agropecuario de la provincia al reclamar por mayor seguridad ya que Porcel habría sido asesinado en un intento de robo. Pero en las últimas 24 horas específicamente, se registraron dos homicidios. Uno en Villa Urquiza luego de una pelea donde resultaría la muerte de Raúl Fernando Mayorga a causa de puñaladas. Luego, en Villa 9 de Julio Emilio Guillermo Gerez sería la próxima persona en perder la vida por un supuesto ajuste de cuentas y por estar vinculado a hechos de delincuencia. ¿Acaso las medidas de seguridad tomadas por el Ministerio y la Policía de la provincia no están siendo suficientes? ¿O es que en realidad no se están tomando las decisiones políticas necesarias para frenar con la violencia? Ley antimotochorros, operativos de desarme de bandas delictivas, secuestro de vehículos, controles en fronteras, son algunas de las medidas que se anuncias por parte del gobierno pero no se pueden visualizar los resultados en la realidad. Además se encuentra una gran contradicción con las fuerzas ya que en los últimos meses los mismos miembros de la Policía son quienes se ven envueltos en la controversia. Parece resultar que quienes deben velar por nuestra seguridad son los mismos que la violentan. Por María Emilia Fregenal.

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